en memoria de las víctimas de Iquique.
(La Música de “La ausencia”)
Canto la Pampa, la tierra triste,
Réproba tierra de maldición,
Que de verdores jamás se viste
Ni en lo más bello de la estación;
Donde las las aves nunca gorjean,
Donde no crece la flor jamás,
Donde riendo nunca serpea
El arroyuelo libre y fugaz.
Año tras año por los salares
Del desolado tamarugal,
Lentos cruzando van por millares
Los tristes parias del capital,
Sudor amargo su sien brotando, llanto sus ojos, sangre sus pies,
Los infelices van acopiando
Montones de oro para el burgués.
Hasta que un día, como lamento
De la más hondo del corazón,
Por la callejas del campamento
Vibró un acento de rebeldía;
Eran los reyes de rectos pechos,
De muchas iras era el clamor,
La clarinada de los derechos
Del pobre pueblo trabajador.
“Vamos al puerto, dijeron, vamos,
Con un resuelto noble ademán,
Para pedirles a nuestros amos
Otro pedazo no más de pan”,
Y en la misérrima caravana
Al par del hombre marchar se ven,
La amante esposa, la madre anciana,
Y el inocente niño también.
¡Benditas víctimas que bajaron desde la Pampa, llenas de fé,
A su llegada, lo que encontraron
La ruin metralla tan solo fue!
¡baldón eterno para las fieras
Masacradotas sin compasión;
Quedan manchadas con sangre obrera
Como un estigma de maldición!
Pido venganza para el valiente
Que la metralla pulverizó,
Pido venganza por el doliente,
Huérfano triste que allí quedó,
Pido venganza por la que vino
Tras del amado en pecho a abrir;
Pido venganza para el pampino
Que como bueno supo morir.
Francisco Plazo
(el pueblo obrero, abril 18, 1908)